lunes, 9 de julio de 2007

Introspectivo saladito


Introspectivo saladito

…y seguiré nadando entre tus muslos
adicto a tu sabor,
Sabor salao

Me gustas, realmente me gustas.
Al salir de clase ocupo la banca más cercana y lo primero que hago es buscar tu cuerpo. Su imagen no abandonó mi cabeza durante toda la pasada hora. Visualmente hago contacto, pero no estás sola, estás con el Imbécil.
Sabes que estoy aquí, al otro lado del pasillo, observándote y aguantándome las ganas de ser yo el Imbécil que te toma de la mano y lo demás. Pero como ayer, y como el día antes de ayer, y como en los dos últimos semestres, puedo soportarlo, tengo que soportarlo.
Si todo este asunto fuera mera cursilería de seguro ya lo hubiera superado, o cuando menos, evitaría los tan frecuentes y repentinos bombeos sanguíneos que, enfocados en cierta parte de mi cuerpo, impiden me mantenga de pie sin dar indicios de que libidinosamente te admiro.
El imbécil se acerca a tu oído y sonríes.
Como respuesta acercas tus labios a los suyos y tu lengua entra en su boca.
Él responde y yo sigo observando.
Me gustas, realmente me gustas... y me pones jorni con esa mezclilla ajustada que delata como que no queriendo (pero sí) tu ropa interior, tus muslos, la redondez agraciada y nalgueable de tus morenas (asumo) caderas.

El bombeo comienza, y como dice la rolita de la Cuca: “quiero mojarme los labios y tu cuerpo pasarlo por mi garganta. Quiero sentir el pétalo de tu pelo, perfumarme del olor de tu celo”.
Maldición, tengo que sentarme y fijar la vista hacia otro punto. Lo hago pero da igual, nada detiene el bombeo de sangre.
Mi imaginación no entiende de razones, no entiende que debo estar de pie en menos de cinco minutos para ir a la siguiente clase.
En mi cabeza realmente se instala la idea de pasarte por mi garganta, de morder con cabrona pero paciente liviandad aquel saladito rincón, de zambullirme en tu lubricado mar de feromonas, para finalmente inundar de blanco tus libidinales y mudos labios. Eso como aperitivo.
Insisto: realmente me gustas... y me pones jorni.
Me doy cuenta que da igual si te miro o no, así que dirijo de nuevo mi mirada hacia ti sólo para observar cómo el Imbécil y tú se levantan, se van sin renunciar al periódico intercambio de saliva.
El maestro que dará la siguiente clase pasa frente a mí, pero todo parece indicar que tendré que pasar mucho más tiempo de lo esperado sentado en esta banca: me he inundado yo solo.

Ese aroma…

Entre rincones de relampagueantes
pero insistentes añoranzas y antojos
se esconde y se delata ese aroma
saladito y tan tuyo.
Aroma que golpea placenteramente mis fosas nasales
y alerta mi sentido del gusto:
y trago saliva como si te tragara tu aroma,
y saboreo tu aroma como si de nuevo te tragara a ti.


cadaver_muerto@hotmail.com
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